(España) Llegan los ‘okupas de playa’: verano gratis en pisos frente al mar y en chalés con piscina

Los ‘okupas de playa’ tienen la extraña afición de meter animales en las fincas que ocupan para pasar el verano y, si se tercia y nadie les echa, también el invierno. En una urbanización de lujo en Marbella, un ‘okupa’ puso a su caballo a vivir en el jardín del magnífico chalé que había allanado junto a su familia. En Huelva, a otro ‘okupa’ no se le ocurrió otra que acomodar a un mulo en el césped de la piscina comunitaria para espanto de los vecinos. Tanto él como su familia se remojaban diariamente para aplacar el calor, igual que los demás pero ahorrándose los 300.000 euros de hipoteca. En Lepe, la policía local se ha encontrado también cabras y ovejas en pisos y chalés. En Isla Cristina, también en Huelva, 30 familias de una urbanización con vistas al mar han tenido que soportar durante un año y medio a los 25 perros de una pareja de ‘okupas’. Y así una larga lista de ejemplos que ilustran la última tendencia inmobiliaria: ocupar casas en la playa. Cuanto más exclusivas, mejor.

“La cosa está tan descontrolada que nos vemos obligados a darles a los ‘okupas’ las llaves de los espacios comunes porque si no revientan las cerraduras y es peor. A ese extremo hemos llegado”, resopla José Antonio Oria, vicepresidente del Colegio de Administradores de Fincas de Huelva (CAFH). “Así que cuando se mete un ‘okupa’ en un residencial de playa o en cualquier finca, lo que hacemos es abrir las puertas para evitar males mayores mientras mediamos con ellos y tratamos de que se inicie el proceso judicial para expulsarlos. Y eso puede tardar años”.

Javier Garrocho, portavoz de la comunidad de vecinos de la urbanización Las Colinas de Isla Cristina (Huelva), se resistió a ceder ante las tres parejas de ‘okupas’ que se instalaron en sendos chalés y lo pagó con insultos y amenazas diarios. Suya es la urbanización de los 25 perros pastando como una jauria por “el jardín, el pequeño pinar que tenemos y la pista de fútbol”. “De noche no había quien durmiera con los perros ladrando sin parar, y de día pues imagínate el estercolero entre los orines y la cacas”, relata. “Por fin los hemos podido echar, pero nos da pánico que vuelvan. Él tiene un kiosco en la playa, supongo que cuando llegue septiembre vendrá otra vez y vuelta a empezar”.

Es una de las novedades de la ocupación de chalés en la playa, que un alto porcentaje son trabajadores corrientes de ciudades cercanas al litoral. “La mayoría de ‘okupas’ siguen siendo rumanos y españoles de etnia gitana, pero cada vez me encuentro a más gente conocida, que les dices ‘pero tú qué haces aquí’, me he llevado varias sorpresas”, confiesa un policía local de Lepe. Garrocho lo confirma: “En uno de los tres chalés ocupados de mi urbanización vive el hijo de un policía nacional, y en los otros dos viven leperos que han aprovechado para instalarse aquí por la cara”.

“La tendencia es cuanto más cerca de la playa, mejor. Años atrás la ocupación se daba más en núcleos de interior, más urbanos. Pero ahora en la playa te encuentras ‘okupas’ que hasta visten corbata”, sostiene David Toscano, presidente del CAFH. “Como la vivienda vacacional sigue siendo un elemento de lujo, hay cierto desinterés (judicial, policial y político). Si te ocupan la vivienda habitual la peleas, la negocias, pero una segunda vivienda entra en otra dinámica. Igual vives lejos y has tenido mucha dificultad para pagar, o tienes varios plazos de hipoteca pendientes, y ahí se produce una situación distinta. Este fenómeno se concentra desde el año 2016 hasta hoy”, analiza Toscano.

El de Las Colinas es el ejemplo clásico. Una urbanización de 60 viviendas, con 30 habitadas todo el año, 27 solo en verano y otras tres nunca. Son tres viviendas terminadas por una promotora quebrada que quedaron a la deriva. Chalés de tres plantas en parcelas de 400m². “Un día vimos que se instaló una pareja. Sabíamos quiénes eran, ella tiene una tienda y él había estado con el camión de la basura y ahora cobra una pensión. Al poco llegó otra pareja al segundo chalé, y luego la tercera que vino con un niño pequeño. Todo gente del pueblo. Desde el primer día les dijimos que hagan lo que quieran, pero que el agua y la luz es nuestra, que no íbamos a permitir que se engancharan. Se engancharon, se la corté y el del primer chalé me insultó y me amenazó. Al segundo corte casi me agrede. Al presidente de la comunidad le echó un bote de pintura sobre el coche. Han roto los contadores y las tuberías, aparte de lo de los 25 perros. Lo hemos pasado muy mal”, narra Garrocho.

Mafias que venden llaves

Ocupar en primera línea de playa es tan fácil que ya han surgido por todo el litoral grupos organizados que se dedican a tomar viviendas vacías para realquilarlas o venderlas. “Entran, cambian la cerradura y venden la llave a quien la quiera por 800 euros, por ejemplo. O la realquilan por 300 o 400 euros al mes a gente que muchas veces no sabe que es un casa ocupada. Si te viene una persona con la llave de la casa, te abre, te la enseña y te ofrece un contrato de alquiler, te crees que es el propietario”, resume Fernando Pastor, presidente del Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Málaga y Melilla.

Españoles, árabes, rumanos, ingleses. En Málaga la ocupación no entiende de nacionalidad. Ni de nivel adquisitivo. “Hay ‘okupas’ viviendo tranquilamente en Nueva Andalucía, la llamada milla de oro de Marbella, también en la playa de Torremuelle en Benalmádena o en los chalés de El Lagar de Alhaurín de la Torre; y así cada vez más viviendas desde Marbella hacia la costa de Cádiz”, enumera Pastor. Propiedades cuya tasación no baja de entre 500.000 y 700.000 euros. “Huelva, Cádiz y Málaga son las provincias donde más se está dando la ocupación de residencias cerca de la playa”, confirma por su parte Toscano.

Las residencias de playa reúnen dos factores muy atractivos para la ocupación: por un lado, hay un gran ‘stock’ propiedad de bancos y otras con hipotecas a medio pagar. Eso alarga aún más si cabe el proceso judicial de desalojo, ya que ni los bancos ni el propietario que no pudo hacer frente a la hipoteca denuncian hasta pasado un tiempo; y por el otro, se trata de residencias muy tentadoras, amplias, duplex y chalés en muchos casos, con servicios comunitarios como jardines y piscinas. Residencias cuyo valor en tiempos de la burbuja no bajaba nunca de los 200.000 euros. “Hay muy pocos casos de ‘okupas’ que se instalen en las segundas residencias de propietarios particulares. A la familia de Córdoba que tiene un chalé en Málaga para no le entran. Los ‘okupas’ son listos, no quieren complicaciones”, indica Pastor, para tranquilidad de los miles de propietarios de vivienda vacacional en el litoral andaluz.

Alquiler social con piscina

Estos nuevos ‘okupas’ “no se instalan solo para pasar el verano, lo hacen para todo el año. Pero claro, el verano lo disfrutan igual”, señala Toscano, del COAF de Huelva. “Hay gente de clase media, pero el perfil habitual son personas de bajos recursos, muchos de ellos con niños, que entran por la fuerza en una vivienda de un banco y luego reclaman un alquiler social”. Pastor, del colegio de Málaga, subraya: “Muchas veces lo consiguen porque para el banco es un mal menor, evitan que les destrocen la propiedad, cubren su cuota social y evitan que los políticos se les echen encima”.

El proceder transita en el límite de la picaresca: revientan la puerta, ‘okupan’ el piso o el chalé y comienzan a hacer vida normal, usando las áreas comunes si las hay y enganchándose ilegalmente a todos los suministros. Si el banco inicia el proceso de desahucio, los ‘okupas’ tratan de negociar un alquiler social justificando su precaria situación económica (extremo que en muchos casos es cierto). Muchas veces lo consiguen, obteniendo rentas mensuales de 100 o 150 euros en residencias vacacionales donde las hipotecas no bajan de los 600 o 700 euros al mes.

“Sí, hemos visto que cada vez hay más alquileres sociales porque el banco al menos consigue que los ‘okupas’ mantengan la vivienda. Y si esa gente está trabajando o sacándose algún dinero, consiguen vivir bastante bien con ese alquiler de 100 euros”, reconoce el policía local de Lepe. “Los vecinos nos llaman para informarnos cuando hay algún problema, pero muy pocos denuncian, no quieren complicarse la vida personándose contra un ‘okupa’. Y si nadie denuncia, entre que el banco se entera y se ejecuta el desalojo puede pasar mucho tiempo. Nosotros, cuando descubrimos un caso, informamos al propietario y al juzgado”.

Esta situación indigna a Garrocho: “Tengo la sensación de que está de moda ocupar este tipo de residencias, no está mal visto. ¿Para qué voy a pagar un alquiler si la casa de enfrente que está de lujo es del banco? Mi casa me ha costado ocho años hacerla, con una hipoteca a 25 años. A mí que alguien disfrute sin pagar la casa que tengo al lado me da igual, pero que no me roben la paz. Esta gente campa sus anchas aterrorizando a lo vecinos, usando todos los bienes de los vecinos, las basuras, el servicio de limpieza. Los jueces y políticos con este tema son muy garantistas, ¿pero a nosotros quién nos garantiza nada?”.

Ante la inacción judicial, este afectado de Las Colinas ha decidido tomarse la justicia por su cuenta y se ha convertido él mismo en ‘okupa’. Tal cual. “Yo mismo con otro vecino he entrado en una de las casas y la he tapiado. Ya he dado mis datos a la Guardia Civil para que sepa que la estoy ocupando y empiece el proceso judicial. En el tiempo que tardan, al menos nos aseguramos que no se mete nadie”, explica.

“En la costa, los procesos judiciales por desalojo tienen retrasos tremendos, de hasta cuatro y cinco años. Un ejemplo es el juzgado de Estepona. Y eso los ‘okupas’ lo saben. Y si ese ‘okupa’ en vez de generar molestias y ruido se comporta normal y evita que la comunidad lo denuncie, puede vivir hasta que se aburra en un buen residencial sin ningún problema”, señala Pastor, del colegio de administradores de Málaga. “Aunque parece que por fin las entidades financieras se están poniendo un poco las pilas y están empezando a revisar sus propiedades y a instalar ‘puertas antiokupa’ o soldar chapas de hierro en las viviendas vacías”.

Por último, Pastor, como el resto de expertos, insiste en la prevención como la única herramienta para evitar disgustos. “En estas comunidades de playa donde hay muchas casas vacías muchos meses al año hay que invertir en seguridad. Es un desembolso extra para todos, es verdad, pero contratar a un conserje o a un vigilante nocturno disuade mucho a los ‘okupas’. Incluso videovigilancia para poder demostrar en un juicio que una casa ha sido ocupada por la fuerza. Es como cuando hace años se ponían cepos en los coches, que el ‘caco’ iba a robar otro. Pues aquí igual, es muy raro que un ‘okupa’ vaya a meterse en una residencia vigilada, teniendo tantas alrededor que no lo están”.

http://www.loqueseoculta.informe25.com/2017/07/espana-llegan-los-okupas-de-playa.html

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