Panamá: ¿crisis o retrato del capitalismo financiero?

No es una crisis del sistema capitalista. Es un retrato puntillista de sus derivadas. Por eso, en mi opinión, la ausencia de control por parte de un Estado eficaz y eficiente, provoca inevitablemente excesos, porque no nos olvidemos de que al final hablamos de humanos, de seres humanos, que en muchas ocasiones son demasiado humanos….
La revista TIME ha elevado a los “Papeles de Panamá” a la categoría de indicador de una crisis profunda del capitalismo.
Concretamente se pregunta si los cacareados documentos pueden conducir a la más grande crisis sufrida por el modelo capitalista. Y no es asunto baladí. Lo que ocurre es que, una vez más, conviene centrar el disparo.
Lo que dichos papeles evidencian es simplemente una consecuencia de la aplicación del modelo capitalista sin un control por parte de un Estado eficiente. ¿Quiere esto decir que se trata de derivadas inevitables provocadas por modelo capitalista abandonado a su propia dinámica? Pues mas o menos es mi idea.
Por ello nunca he sentido el fervor del liberalismo radical. Al final del día, como dicen los americanos, si los individuos —puesto que de individuos se trata— que controlan el funcionamiento real del modelo —porque lo controla una oligarquía financiera— fueran espíritus puros en cuyo interior no albergaran sentimientos de codicia u otros de similar genéetica, podríamos hablar de funcionamiento eficiente de los mercados. Pero como ese producto, esa tipología de individuos no es excesivamente abundante entre quiénes ejercen ese control real —subrayo, real— del funcionamiento del sistema, el abandono a las propia fuerzas de tales sentimientos tiene inevitablemente que conducir a consecuencias perniciosas. Porque, claro, quien decide sobre estas cuestiones considera eficiente lo que para él es bueno… Aquel famoso dicho ¿y de lo mío qué?
No se trata aquí de desarrollar un tesis completa sobre este asunto de capital importancia, pero si de avanzar algunos esbozos. El universo de sistemas jurídicos en el mundo occidental no es uniforme. En unos países, insisto, países soberanos organizados en Estados, rigen unas normas en materia tributaria diferentes de otros, de modo que cuando un Estado somete a niveles impositivos brutales, y en ocasiones confiscatorios, a las rentas generadas por sus individuos y empresas, si otro Estado, en aplicación de su soberanía, es mas sensato y reduce los niveles de presión fiscal, aparece el llamado paraíso fiscal, como explicaba en una entrada anterior.
Pregunta: ¿es legal establecer un sistema impositivo mas reducido por parte de un Estado soberano? Pues claro.
Bien, pues es normal que los que ganan dinero quieran pagar menos, moral pública aparte. Ya expliqué que esta utilización de los llamados paraísos fiscales internacionales está al alcance de unos pocos, aquellos que tienen a) rentas suficientemente elevadas y b) capacidad operativa para moverse en ese entorno internacional.
Pues bien, la utilización del paraíso fiscal, sea Panamá o cualquier otro, no es sino la aplicación propia del modelo capitalista por parte de unos individuos con capacidad para aprovecharse de sus recovecos institucionales y con dinero y capacidad operativa suficiente. Nada de crisis de capitalismo, sino capitalismo en su versión pura y dura.
Además disponemos de otro elemento decisivo: la libertad de circulación de capitales. Cuando libremente se pueden desplazar los capitales de un lugar a otro, es evidente que quienes disponen de esos capitales en cuantía suficiente sobrepasan por arriba a las legislaciones nacionales. Dicho de otro modo, las coexistencia de paraísos fiscales y libertad de circulación de capitales sublima las opciones para una oligarquía financiera que inevitablemente surge derivada del imparable proceso de concentración de poder que conlleva el modelo capitalista, lo que es evidente, por ejemplo, en el sistema financiero, aunque es trasladable imperativamente a todo sector económico, el industrial y de servicios incluidos.
La idea de unidades financieras mas grandes se basó en la llamada eficiencia. ¿En qué se ha traducido de hecho? En reducción de la competencia (menos unidades ofertando productos) en perjuicio del consumidor (menos opciones donde elegir) en una masiva concentración de poder (no solo financiero, sino, derivado de él, por el funcionamiento del sistema, de poder mediático y hasta político). Al tiempo, esa concentración, por aplicación de ese principio de eficiencia, lleva a la demolición de empleo, lo que vemos todos los días y lo seguiremos —por desgracia— contemplando. Lo alucinante es que en España este proceso de concentración fuera propiciado por los socialistas que trajo Felipe Gonzalez a demoler el tejido industrial en beneficio de una expansión incontrolada del sistema financiero que siguió en los gobiernos de Aznar elevándose a su enésima potencia, loq ue se tradujo en la crisis financiera que seguimos pagando.
Bien, pues no es una crisis del sistema capitalista. Es un retrato puntillista de sus derivadas. Por eso, en mi opinión, la ausencia de control por parte de un Estado eficaz y eficiente, provoca inevitablemente excesos, porque no nos olvidemos de que al final hablamos de humanos, de seres humanos, que en muchas ocasiones son demasiado humanos….
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