DE INDRA, LA OPERACIÓN LEZO Y POR QUÉ ES TAN ENGORROSO QUE ESPAÑA TE TRAMITE UN VISADO

Quizás hayan ustedes oído el ruido que se ha organizado en todo el mundo con el descontrol en la concesión de visados subsiguiente a la decisión de Exteriores de cambiar de empresa externalizadora. Algo sé del tema por razones profesionales. Lo comparto con mis lectores. Al término de mi estancia en Shanghai como Cónsul General me recibió la entonces Subsecretaria, me ofreció la Embajada en Bangkok, que acepté, y tuve con ella un primer despacho sobre las prioridades del puesto. La primera de ellas, la Residencia del Embajador. Llegó el 11M y ganó las elecciones el PSOE. No quiero engañar al lector y hacerme pasar por víctima. Tenía y tengo en ese partido amistades bastantes para haber conseguido que se sostuviese la promesa. Pero me pareció poco elegante, pues los ocho años de PP habían generado una gran bolsa de descontentos y marginados, todos ellos a la espera de una jefatura de misión. Cuando manda el PSOE sucede lo mismo con los del PP. Esas son las reglas del juego. Así que acepté lo que me llegaba por concurso: Cónsul General de España en Moscú. El puesto no era ni inocente ni marginal. Con sus 250.000 visados año aparecía dentro de la red consular como un monstruo indominable. Verdad es que disfrutaba de un software especial, heredado de la administración FG, el Visatour, que ayudaba lo suyo. Pero no era bastante para controlar aquel maremágnum de solicitantes que nos abrumaba. Reforzamos los turnos de trabajadores temporales, cambiamos de sede. Ni por esas. El caravansaray de solicitantes y los errores propios no cesaban. Y en esas estábamos cuando supimos que el Consulado del Reino Unido había inaugurado un sistema de externalizar visados que parecía ser la panacea. Allí nos fuimos todo el equipo a ver como funcionaba. No las tenía yo todas conmigo. El Reino Unido funciona siempre o casi siempre muy bien. Pero sus métodos no son transmisibles. En el caso de los visados había creado una sociedad pública participada por el Ministerio del Interior, Exteriores y Scotland Yard. La sociedad no podía tener déficit y se financiaba con el importe de los visados. Por si fuera poco no se sometía al sistema Schengen. Pero escéptico o no, yo también fui al Consulado de marras. Y quedé deslumbrado. El sistema consistía en que la externalizadora, la empresa VFS, alquilaba un local y abría allí cincuenta o sesenta ventanillas para recibir las solicitudes. Inspeccionaba la instancia y corregía los posibles errores sobre la marcha. Por fin, al término de la jornada, remitía la documentación, ya en regla, al Consulado. El costo de la operación lo pagaba el solicitante. Fue una revelación. Todos entendimos que aquel sistema, conjugado con el Visatour, era la solución a aglomeraciones, esperas y reclamaciones. Le añadimos el pago por banco para evitar tener millones de rublos sobre la mesa y, efectivamente, nuestros achares terminaron. Poco mas tarde se entrevistaron el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov y el español, Curro Moratinos. Asistieron al encuentro los miembros de la Embajada. Según alguno de ellos Moratinos preguntó a Lavrov si había algún problema con el Consulado General de España. La respuesta fue el silencio. Sin embargo no todo fue silencio porque en un hecho, si no inédito, casi, el periódico Kommersant puso a España como modelo de excelencia frente a otros consulados occidentales. Un colega hasta se permitió un chiste. Aludiendo a la tradicional paranoia de los rusos con los extranjeros me dijo: “Oiga Sr. Zorrilla, si los rusos no se le quejan de los visados, ¿de qué se le quejan?”. Conste que no me atribuyo el mérito de haber resuelto aquello. Los méritos se los llevan los inventores de Visatour, el soberbio equipo que me llevaba en volandas, el impulso soberano desde Madrid, harto de las quejas -justificadas- de Lavrov, y, naturalmente, la excelencia de VFS, empresa que merecería figurar en el palmarés de las mejores de Alemania o EEUU. Considerando el papel motor de Moscú en la red consular española, al menos la parte abrumada por el alud de solicitudes de visados, el sistema se extendió a casi todas partes y en todas partes resolvió el problema. En algunos incluso fue ella la que detectó irregularidades, finalmente resueltas. No faltaron los quejosos. Una delegación de hombres de negocios españoles me dijo que puesto que externalizar daba dinero, ese dinero debía de ser para ciudadanos españoles. Manifesté mi acuerdo más absoluto, a cambio de que esos españoles pudiesen mostrar una cualificación tan acreditada como la de VFS, externalizadora de prácticamente todos los países del primer mundo con volumen importante de solicitudes de visado. Se callaron. Y así pasaron los años hasta que llegada de nuevo la administración del PP, la misma que me había prometido la Embajada en Tailandia, me mandó a Bolivia a jubilarme como número dos. Eso no parece encajar en las reglas del juego a las que he aludido mas arriba. Pero es que era un modo retórico de explicar lo inexplicable. En Exteriores no hay reglas del juego. Y en Bolivia ví que el Consulado en La Paz despachaba los visados por la via de VFS sin demasiados agobios mientras que el Cónsul en Santa Cruz se las veía y las deseaba y que los plazos de presentación se contaban en meses. Peor aún. Cuando VFS estaba a punto de abrir sede en Santa Cruz, Exteriores se lo negó. No entendía yo que un sistema probado y excelente, y no solo por España, pudiese impugnarse mas de diez años después de su implantación triunfante en el Consulado más difícil. Y poco mas tarde se vio la razón. Exteriores cambiaba de externalizadora, y entregaba esa responsabilidad a una empresa desconocida y sin sede en la mayoría de los países. En Bolivia no la tenía, por ejemplo. El sindicato SISEX, siempre moderado, sugirió en sus habituales y templados tonos que aquella decisión podría tener muy malas consecuencias. No se le hizo ni caso y efectivamente empezó el ruido. ¿Cuál podría ser la razón de ese cambio a peor? Pues la única explicación posible era que a esa externalizadora le acompañaba en su oferta, Indra. Bien. Nadie impugna a Indra, empresa de alta tecnología y la única que le queda a España tras la venta a Thompson de Amper. Pero es que a Indra doscientos puntos de hardware en todo el mundo no le suponen nada en su cuenta de resultados. Mientras que el lucro cesante para la industria del turismo española se mide en millones de euros. Por no hablar del daño reputacional al Reino de España en un tema no solo turístico sino emocional porque afecta al libre movimiento de personas. Y en estas cavilaciones me encontraba sumido, curva de la utilidad y de la indiferncia en mano, sin dar con la razón de tanto despropósito, y abrumado al ver el aluvión de quejas que efectivamente esa decisión ha provocado en todo el mundo, cuando leo que la Guardia Civil, en el contexto de la operación Lezo, está registrando la sede social de Indra, sospechosa de financiación ilegal del PP. No quiero cargar la suerte ni hacer leña del árbol caído. Pero quizás sería conveniente un “momento Cifuentes” en Exteriores y devolver tan delicado portafolio a la empresa que supo administrarlo en régimen de excelencia durante tantos años. – Con información de Las Tres Voces – José Zorrilla – http://blogs.elconfidencial.com

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